Se cerraron los párpados, cayeron, caí.
El pasto NEGRO, suave y húmedo. También tupido. Pero sobre todo negro.
El cielo NARANJA, por completo.
Ví mis pies dando pasos, hundiéndose en el pasto, negro, se veían deformes, o por lo menos no como son realmente.
El dedo gordo era enorme y su uña estaba naturalmente encarnada, como envuelta por el tamaño de la carne. El resto de los dedos, salvo el anular, normales.
El anular, torcido.
Volví la vista al cielo, naranja; un árbol que no estaba en el cuadro, era sostén, apoyo o respaldo de un peculiar hombrecito.
Hombrecito narigón, con sombrero, (creo que era de paja) regordete, que asentía una y mil veces, tanto que parecía autista o loco.
El pasto y el cielo. El pasto y el cielo. NEGRO Y NARANJA.
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