En las rejas de tu prisión, veo un abismo de silencio. Tímido.

Nombres, tuyo y mío.

Mi calabozo adornado reclama tu aliento, percibiendo tu cercanía.

Saltamos con llaves y escaleras a perseguir cadenas doradas, plateadas, azules y rojas que, juguetonas, nos unieron y enlazaron.

Cadenas de seda, como velos, sedujeron nuestros retos, intrigas y trastornos.

Dejamos de lado el peligro; de descubrirnos, huir no sería una estrategia. La cautela nos apaña, los cuidados son nuestros.

Sensibles honores alcanzando metas, juntos al partir. Juntos. En adelante.