En la clandestinidad de la libertad; caminatas, regalé pedazos, carne. Regalé mi vida.

En el café de los monstruos comí con locura, por las puertas cerradas, por las monedas extraviadas.

Sexo en el piso, por los roces, por el tiempo, por lo que dejé, por quién acudí.

Desordenado mi cuarto, por tu orden estricto que se dio de fuga cuando no di más.

Disparatada mi cabeza, por lo que me pediste, concluso y a fin de nunca acabar.

Enfermiza promesa que te transformó.

Enferma la gente que te disgregó.

Enferma vos, no yo.